miércoles, 24 de noviembre de 2010

Por

Árbol
Hoja
Salto
Luz
Aproximación
Mueble
Lana
Gusto
Pie

Mar
Gas
Mirada
Nube
Loba
Dedo
Cal
Gesticulador
Hijo
Cama
Menta
Sien
Rey
Fin
Sol
Amigo
Cruz
Alga
Dado
Cielo
Riel
Estalactita
Mirador
Corazon
Hombre
Rayo
Felpa
Sed
Extremidad
Insolacion
Parecer
Clavo
Coito
Dios
Temor
Mujer
Por

jueves, 11 de noviembre de 2010

The long and winding road


And if I say I really knew you well,
What would your answer be?
If you were here today.
Uh, uh, uh, here today.

Well, knowing you,
You'd probably laugh and say
That we were worlds apart.
If you were here today.
Uh, uh, uh, here today.

But as for me,
I still remember how it was before
And I am holding back the tears no more.
Uh, uh, uh,
I love you, uh.

What about the time we met? (what about the time?)
Well, I suppose that you could say
That we were playing hard to get.
Didn't understand a thing,
But we could always sing.

What about the night we cried? (what about the night)
Because there wasn't any reason
Left to keep it all inside.
Never understood a word,
But you were always there with a smile.

And if I say I really loved you
And was glad you came along.
Then you were here today,
Uh, uh, uh, for you were in my song.

Uh, uh, uh, here today.




GRACIAS PAUL! COMPLETAMENTE SIN PALABRAS ESTOY

jueves, 28 de octubre de 2010

Algo como la esperanza de una diferencia en la similitud

“Me pregunto si las cosas que quisiera cambiar en mí no las estoy queriendo cambiar sin que en el fondo nada cambie gran cosa, si cuando creo elegir algo nuevo mi elección no está regida secretamente por todo lo que quisiera dejar atrás”.

Cortázar, Julio. 1973. Libro de Manuel.

lunes, 25 de octubre de 2010

Sin que haga nada

Sin que haga nada, la puerta se abrió, y como impulsada salí a un espacio que se extendía hasta perderse. Caminé sobre una superficie blanda y húmeda, pero nada asquerosa. Aparentemente, estaba descalza. Ellos ahí, ya estaban y no los había visto, pero no estaban y yo sí los veía. Una fila de personas infinita, todas de perfil a mí. Se sentaban y se paraban sin esfuerzo, qué cosa. Todos eran jóvenes, de entre 20 y 30 años, vestían informalmente y sus cuerpos (a pesar de la agilidad) estaban gastados. En determinados lugares, todos tenían manchas, ¿manchas? Vacíos, transparencias perfectas, lugares sin flesh. Los veo mejor, están cansados, gritan, lloran, suplican, que dejen de agujerearlos, digo por favor. Sentí un ardor en los tobillos, no quise mirar, y tampoco me uní a la fila de torturados.

Estaba ahí flotando, vi cómo las personas se abalanzaban sobre eso. Eso que parecía espuma de afeitar pero era seco, esa espuma de baño suave, nube, algodón de azúcar, burbujas, quién sabe. Vi eso que volaba hacia ellos, y se escapaba hacia arriba. Y ellos, haciendo un esfuerzo terrible, estirándose de una forma que nunca había visto en personas, tratando de atrapar esa cosa, aunque sea una porción mínima, esa cosa que se les escapaba de las manos. Y cuando alguno lograba agarrar un poco, presuroso lo llevaba hasta los lugares agujereados, lo esparcía, e impulsivamente se dejaba caer hacia atrás, rebotando numerosas veces en ese suelo que nos contenía. Yo traté de alcanzar también una porción. Fue inútil, no podía acercarme: el ardor de mis pies no me dejaba separarlos del suelo. Entonces imité a los otros humanos, y me tiré para atrás.

sábado, 23 de octubre de 2010

Sinónimos, vos decís?

Manuel, Manuel el del libro, claro. Y un director cuyo nombre no quiero recordar. Ustedes, que se fueron. ¿Cuándo cuatro horas? Era una broma, broma como en la TV. ¿Quién dice broma? ¿Quién dice TV? Como caer en un sillón triste y a la vez simpático, sos un sillón. Sos viejo y simpático. Todos se ríen de vos. Sos un sillón y por eso te aplastan. Pero la cama es mejor, y qué tan útil. Te aplastás y pero si yo vengo y me pongo el mejor tapizado, pa que ustedes, incómodos, apestando tabaco, aprovechándose de vos, viejo sillón, sillón pasajero. Las plumas que se vuelven a sus gallinas. Cuero a su vaca y azúcar a Tucumán because ahí se produce, pero qué cosa! Como la Mercedes en el día de la tradición pero eso no te va y vibrás como su faringe. Como cada fibra de su cuerpo. Como crisis, junio del '73, y Sartre luciendo un moño verde.
¿Pero qué me decís? Desgrabalo, ya, y apagá la luz, porque los pájaros y la puerta, y vos que girás porque no estás tan bien como creías, y sabés que el amarillo es el color de la fruta, de esa del fondo (no del fondo del ojo, que se dilata y encandila), de esa del artista, y el mono y el mito. Estrella, luna, estrella, luna, estrella, campana of course, there has to be an ending, pero se caen porque están mal sujetas. Qué lindo esto de los auriculares duros y vos lejos, ¿qué esperás? Yo espero una señal de vida, porque recuerdo cuando te importaba y cómo. Ya quisieras, ¿no me odiás? Entonces animate y volvé, volvé y dormí que es recontra tarde. Recién hoy puedo comprender lo de junio, porque ese año decía y cómo te acordaste. Pobre Manuel.

Incongruente

¿Qué querés lograr? ¿Cómo podés lograrlo? Palabras vacías, grabadas en un espejo, cualquier cosa. Simpática, graciosa, pero no te lavaste los dientes. Tenés un chicle y te lo vas a tragar. No digas que no te lo advertí, siempre en este estado, ¿es necesario?
Creo que entiendo pero ¿Qué es entender? No poner puntos ni comas escribir en un momento sin sentido solo porque sale, sólo con tilde. Guardar algo tonto porque a pesar de lo tonto, lo aburrido, vos la estás pasando bien. ¿Cuánto esperaste?,¿cuánto para esto? Para nada. Para el quién, el ruido, el nada. La nada era, y vos en el medio de la tristeza pero qué más. Vos, que no sabés qué decir. Desinnhibite gil, cómo se escribe... No, no lo vale. Decí una incoherencia qué problema las haches. Algo legendario, porque eso sos. Y basta de decir que no podés porque dale, escribir así! Cualquiera diría que uvaysí, nadie miente y lo sabés. Por eso, carta y basta: basta y decime que la pasaste bien.

martes, 28 de septiembre de 2010

La habitación de la cortina hindú

En el preciso momento en que entré en la habitación de la cortina hindú, me di cuenta que estaba atrapada. Sólo eso era; cuatro paredes (una a mi espalda, tres enmarcada por aquella inmensa cortina color natural, tejida a mano), el techo, de vidrio, rajado como si algo (¿qué?) estuviera presionando lentamente, y sobre la pared del fondo, una creciente enredadera. en el piso, junto a la enredadera, hojas secas. Y pequeñas ramitas. Me aproximé lentamente, resignada. Eso, entre las plantas, lo que parecía una estufa en piloto llameó de pronto, sobresaltándome, por supuesto, y chamuscando algunas hojas.

Di un paso atrás. Por un momento pensé en rendirme, ¿qué más daba? Miré hacia atrás. La puerta seguía ahí... ¿por qué tenía la impresión de que podría desaparecer en cualquier momento? Me decidí y volví a avanzar. Miraba sin ver y de pronto me encontré del otro lado de la cortina. Lo noté por la luz: era diferente; estaba atenuada, como un campo de madrugada. Y de pronto el aire se condensó y el calor y humedad invadieron el ambiente. Volví a voltearme, la cortina ya no estaba. Sólo la pared del fondo, la pared y la puerta.

Cuando volví a posicionarme hacia delante, la enredadera se había vuelto mucho más espesa y por lo menos doblegado sus dimensiones. Retomé, lentamente, la marcha. Caminaba pesadamente y mi cabeza funcionaba a velocidades astronómicas. Sentí una piedra en el zapato. No, no era una piedra. Bajé la vista y noté que estaba descalza, y que me había tropezado con un lápiz muy pequeño. Me incliné para levantarlo y poder observarlo mejor. Era de una madera clara, sin pintar, con excepción de una pequeña inscripción dorada. 1964 decía, nada más. Entonces a mi alrededor comencé a ver lo que tiempo (¿años?) atrás había vislumbrado de lejos como ramitas: miles de lápices, pequeños bastones de madera con deslumbrantes inscripciones de cuatro cifras. 1966 decía uno, 1954, 19a5, 1944 y 1943; 1982, 1879, 1983 y 1916; 1989, 1970, 1776, 1993; 1997, 2001, 1983, 1976, 1923. Y la lista seguía indefinidamente, con algunos números repetidos, y entre ellos, llenando el espacio con un marrón resquebrajado, pequeñas hojas caídas. Pero curiosamente, las hojas no pertenecían a la enredadera (de finas hojas puntiagudas), sino que tenían una forma romboide y amplia.

Me mantuve inmóvil, en un silencio que hasta entonces no había percibido, durante alrededor de tres minutos. Después seguí mi caminata, lenta e insegura, con un leve malestar al contacto de mis pies descalzos sobre los pequeños lápices de madera. Caminé sin detenerme sosteniendo con firmeza el lápiz de 1964 entre mis manos, hasta llegar a la enredadera. Resultaba curioso que no la veía mejor por estar más cerca. Por el contrario, parecía que no contenía detalle alguno.

Intuitivamente, llevé el lápiz hasta las hojas, y lo introduje entre las finas ramitas. Mi mano se metió unos centímetros también, sufriendo pequeños rasguños a causa de las hojas. Poco a poco, en el intento de llegar más allá de la planta, me encontré medio sumergido en ella. El constante arañazo de las hojas era casi insoportable, y de hecho, ya había considerado hacer marcha atrás, pero, ¿para qué? Atrás no ocurría nada. Además, una vez más, un mal presentimiento me atacaba: esa enredadera me tenía atrapada.

Tomé una decisión impulsiva. Miré por última vez hacia atrás, y con mi mano libre, empecé a trepar la enredadera. Me ayudaba con la otra mano, con la cual no soltaba el lápiz, no sé por qué. Comencé a sentir cómo las hojas se adherían a mi cuerpo y las ramas se enroscaban en mis tobillos, a pesar de ello, seguí subiendo, como podía, durante unos cuatro metros hacia arriba.

Entonces no pude más. Mi cuerpo se encontraba completamente anudado, y sólo mi cabeza y un brazo estaban libres. Pasé el lápiz inscripto a mi mano libre, y comencé a dibujar en el aire, como si ello llevara a algo. Escribí mi nombre repetidas veces. Dibujé una hoja, y el contorno de un auto. Dibujé una puerta, una soga, una espada. Finalmente, escribí 1964. ¿Por qué finalmente? Porque entonces el lápiz resbaló de mis manos, y cuando volví a intentar agarrarlo, se disolvió en aserrín y polvo. Levanté la vista y vi un delgado hilo dorado flotando y retorciéndose en el aire. Se estiró y contorsionó durante unos segundos. Luego, con la caligrafía de la inscripción, trazó el familiar número de cuatro cifras: 1964. De pronto, la planta se comenzó a agitar. Vi el número alejarse hacia arriba, y la habitación iluminarse hasta encandilarme. Se agitaba cada vez más la planta, y yo sentía cómo me envolvía, hasta que quedé completamente dentro de ella. Entonces escuché el ruido de una puerta que se cerró de golpe. ¿La puerta...?

lunes, 27 de septiembre de 2010

Una sonrisa y el Sol

Así empezaba. Era el título que le pondría a mi día. A esa necesidad de salir a contemplar el cielo de día, a descubrir las infinitas y cambiantes formas de las nubes . Yo, en mi primera persona. Yo, que no traslado mis temores afuera. Yo como personaje, yo como persona. El Sol, que dice que sí, que se puede. Las nubes, dinámicas, que lo acompañan y me abren la puerta a su infinita biblioteca de sensaciones, que salen disparadas sin que un posible orden o criterio las vuelva a clasificar, nunca más.

martes, 24 de agosto de 2010

I have the plot

Y hoy, Luna Blanca, más lejos que nunca, regalá tu luz a las copas de los árboles, para que mañana tu ausencia al alba deje descansar a las aves hasta pasado el mediodía

viernes, 6 de agosto de 2010

Filosofía barata

Curiosa la forma de caminar de... Pedro, sí. Muy llamativa. El primer paso es pesado, arrastrado, eterno. El segundo, rápido, casi instantáneo. Luego una pausa, y de nuevo otro paso. El cuerpo encorvado y agarrotado. Y con el peso de cada pisada, un chirriar estruendoso. No son sus huesos, no. Son sus zapatos. Zapatos de goma y lona. La lona: despegada en un setenta por ciento; la goma: muy berreta, pegajosa, ruidosa. Y ocurre de la siguiente forma: como cuando alguien mastica chicle, muy, muy fuerte, que a uno le da ganas de decirle “ché, dale”, así. Ese sonido se oye al pisar Pedro, siendo acompañado inmediatamente con el sonido de una puerta vieja que se va cerrando sola, muy despacio, al levantar el pie, y así sigue. Interesante la forma de caminar de Pedro, por supuesto.

viernes, 28 de mayo de 2010

Tortícolis

El escenario: un océano de 1,30 x 0,60 metros de superficie, de fondo eterno, impalpable; de aguas tibias y claras, con aroma a cítrico. Alrededor, no importa.
El personaje: femenino, joven, bello, cansado, dolorido.
La acción: un pie. El otro. Las piernas, cintura y cuello. La piel seca toma lentamente contacto con el cálido océano. Se estira y relaja. Un ojo y el otro se cierran. Así permanece un rato. Después se abren, los dos. La mitad de una mano sale a la superficie y nota que sus manos se achicaron. Al sacarla completa, ve que el achicamiento no es tan notorio. La vuelve a sumergir, se encuentra con una mano diminuta. Vuelve la vista al resto de su cuerpo y se encuentra con el cuerpo de una pequeña niña, sin curvas, sin vellos y demases, con una piel extremadamente suave.
Se sumerge completa. Se toca la cara: nariz pequeña, dientes afilados y del tamaño de perlas, piel lisa, pura. Unos segundos y saca a la superficie tan sólo la cara, dejando el resto de la cabeza y el cuerpo sumergidos. Cierra los ojos y escucha. El eco del océano, el intermitente romper de las olas, muy, muy lejos. Risas inocentes, lejos también; una música vagamente familiar.
Permanece estable una hora, dos, una semana, cuatro o cinco minutos. Abre los ojos, despega la cabeza del agua. Un mundo color marfil resurge a su alrededor. Contempla nuevamente su cuerpo pequeño, no tiene más de siete años. Pisa en falso, un shock, y se desvanece momentáneamente. Empieza a tener frío. El océano está impaciente, ya no la quiere hospedar más tiempo. Ella percibe que tiene que despedirse de la apacible huésped. Suavemente, moja su cabello una vez más; gira y se incorpora. Su cuerpo regresa completamente a su tamaño original, una energía infantil la invade, sin embargo, como si por dentro la niña de siete años pusiera resistencia a abandonarla tan pronto.
Final o desenlace: la joven se aleja despacito del centro de la escena. Más fresca, más jovial, pero de regreso al mundo del consumo material y agotamiento emocional. Pero, eso sí, con la promesa de que, en cualquier momento, antes de lo que seguramente imagina, regresará a ese océano, ese pozo de imaginación en el que juega, fugazmente, a ser una niña de siete años.

sábado, 24 de abril de 2010

A Pillow of Winds

Se suceden acordes atroces. Una voz suave y a la vez potente penetra por cada centímetro de piel, embriagando los sentidos, enajenando la realidad. Diez, doce, quince segundos, un grito desgarrador. Unas campanas y el estallido: comenzó una implosión. Una bandada de pájaros se avista a la distancia y el lápiz, fino y ajustado, fluye placenteramente. Los nudillos se amoldan a la tan añorada postura de inspiración. ¿Dónde está el absurdo? ¿Dónde el estilo definido? La bandada ahora grita, aturde, quema, ¿por qué interrumpen la quietud? Saltan, gritan, se golpean. Son una jauría de chimpancés. Son inútiles monos perturbadores. Un coro insistente, pica y replica. Tiran del pelo, nublan la vista, abstraen, distraen. La intensidad se pierde entre nubes densas. Luego, la paz. Una paz somnífera, indiferente. Una vez más, la tan conocida sensación de hastío, dentro de cierta melancolía ahora indescriptible. Una vez más, ese final vacío, aburrido y redundante.

martes, 13 de abril de 2010

miércoles, 24 de marzo de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

Jabberwocky

'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.
'Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!'
He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought--
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.
And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!
One, two! One, two! And through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.
'And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!'
He chortled in his joy.
'Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

Lewis Carroll, Through the Looking-Glass

sábado, 27 de febrero de 2010

Café con M&Ms

Son las dos de la mañana, y la chica cuyo nombre es tan llamativo permanece refugiada en un rincón de su habitación. Un sillón mullido y bajito y una luz cálida pero potente configuran el entorno del rincón-refugio. Se escucha la música de alguna fiesta en una casa vecina, y cada tanto el discontinuo pasar de autos y colectivos. Ella, con un libro sobre sus piernas y un plato con galletitas a un costado, sostiene una taza de café muy caliente. Hace frío y ella se incorpora para buscar una frazada. En el placard encuentra un paquete de confites M&Ms, y entonces, la brillante idea; regresa al refugio y deja caer una decena de confites en el café caliente. Se acomoda en el sillón, tapándose hasta el cuello con la frazada, y mientras retoma la lectura, se deleita con el sabor del café mezclado con los simpáticos confites que ahora se derriten y son más ricos todavía. Pasa media hora, una hora, casi dos. Pasan el café, los M&Ms y las galletitas. Se queda dormida.

viernes, 19 de febrero de 2010

Are you agree? Fuck you MTV

In the beginning at the boring time
back in 1999
The man killed the line
between punishment and the crime

On the planet Earth there was no more fun
no sex no drugs no rock'n'roll
all music turned to a fashion show

White man had British pop
and black man had soul
But no, not a drop of a blood
'cause video killed the rock'n'roll

and God said "Oh my God!"
What's happened to the human being
What's happened to my lovely creatures
They all become a cold machine

No more love no more power
Machine without gasoline
Wake up Wake up crowd
Wake up from your boring dream

There is lighting there is thunder
What's up with you I wonder
Lift your shoulders stamp your feet
produce the extra protein
I'm gonna hit you hit you hit you hit you
hit you with my rythm stick
So let there be light
Let there be sound
let there be a music divine
It's Unza Unza Unza Unza time

lunes, 15 de febrero de 2010

domingo, 14 de febrero de 2010

El efecto mariposa

Hay un chico joven, de espaldas, sentado en el muelle. Se lo ve moreno, por pasar mucho tiempo al sol, sin duda. Se encuentra un poco encorvado. Está inclinado sobre algo. Su cuerpo entero transmite una tristeza incontenible. Una lágrima acaricia la fotografía que sostiene entre sus dedos. Otra lágrima, y la infinita pena.
De pronto, un impulso; la furia se hace incontenible. La imagen de la sonriente muchacha que, radiante, se sostiene de una inclinada ladera montañosa es desgarrada. La ladera se convierte en un bollo y es arrojada hacia atrás. La muchacha sonriente cae al agua y se comienza a hundir. El joven se levanta y camina en dirección opuesta al atardecer, internándose en la intransigencia de la ciudad.
La foto sigue hundiéndose, y en algún lugar, lejos, muy lejos del mar, hay una joven que un momento atrás se reía ruidosamente en una parada de colectivo, mientras hablaba con un amigo. Pero ahora la joven siente un desgarro en el alma. Sin causa aparente, cae, como siendo empujada, hacia atrás. Y mientras cae, siente cómo su cuerpo y su alma se impregnan de tristeza, de soledad. Una lágrima golpea pesadamente el asfalto, mientras el cuerpo abatido de la chica golpea torpemente la acera.

Papel reciclado

Extrañaba al lápiz y al cuaderno. Varios días se atropellan en mi cabeza, en el lápiz y en los renglones. Tantas palabras que quieren salir, se empujan y atropellan para llegar primero. Tanto miedo a olvidar siquiera un mínimo detalle, una idea, una inspiración... ¿qué va primero? ¿Qué canción? ¿Qué reflexión? Todo está revuelto y tormentoso, todo fluye. Paciencia, que si estuvo va a volver. En algún momento.

viernes, 12 de febrero de 2010

Los hombres-pájaro

Ya pasaron varias horas, pero en mi mente queda flotando una imagen: la del hombre pájaro y el hechicero. Este último, un mortal que encarna la culpa exterior, la acusación, la imagen de la envidia y la falsedad, en realidad, la encarnación de la venganza, el castigo a un ser imperfecto. Por otro lado, está el hombre-pájaro, el hechizado. Ésta es la imagen más latente. El hombre solo, incomprendido. El hombre que desespera al notar que lentamente es convertido en un gran pájaro, y que, atónito, descubre que nadie a su alrededor nota el acontecimiento. El hombre se angustia hasta la locura con la simple idea de que por mucho que lo intente, hay cosas que jamás logrará transmitir. El sentimiento de desolación que me recuerda a esos instantes, cada tanto, en los que viene a la conciencia la impotencia de lo pequeños que somos, de nuestra insignificancia, de que en verdad, ¿a quién le importamos?
Por otro lado, ¿por qué nadie ve al pájaro?, ¿es que en verdad no está ahí? Entonces se podría suponer que el hombre cree que es un pájaro. Por un lado, en su inconsciencia necesita esa impotencia, necesita que exista ese hechicero que lo acuse, necesita sentirse solo, ignorado. De otro modo, sería demasiada carga emocional. Por otro lado, surgen otras incógnitas: ¿por qué un pájaro?, ¿por qué no un pez, o una cabra quizás? ¿Por qué quiere volar? ¿Hacia dónde? ¿Está escapándose? ¿De qué?
¿Cuántas veces somos pájaros que chillan sin poder en verdad transmitir sus emociones? ¿Cuántas veces creemos que estamos en jaulas, encerrados en la opresión de la soledad, o, en todo caso, de la incomprensión? Y cuantas de esas veces, no notamos que somos pájaros, que podemos salir de esas jaulas, que en realidad son falsas. Porque SOMOS pájaros, y no tan en el fondo, si queremos, podemos volar.

lunes, 25 de enero de 2010

Bahía

Casi dos semanas... wow... la ciudad, ah! las costumbres, el ruido, el cansancio, la prisa... Pero ahora se vuela de nuevo, se vuela con la arena, se vuela con la playa y con el mar...

lunes, 18 de enero de 2010

Let's go fly a kite!

Antes de que pase demasiado tiempo, antes de que la vivencia sea un recuerdo más. Antes de que el recuerdo valga únicamente como una parte más del pasado. Ese "antes de que" es este preciso momento. Cuando aún se es inmune a los bichos, cuando no ver más que unas pocas estrellas en el cielo y en un minúsculo campo visual todavía no es costumbre. Cuando desespera la ciudad, abruma la grasa de las capitales, y aterra el retorno a la rutina; cuando todavía no olvidamos que el silencio es mucho más que la falta de ruido. En este preciso momento es cuando se puede diferenciar con precisión, más allá del ideal que luego queda en la memoria, a borronazos. Ese sentimiento de estar más vivo que nunca, en donde la fantasía y la realidad se confunden. En esa nube de alegría y risas permanentes en la que la mayor preocupación es no encontrar el papel higiénico, en la que el silencio no es absoluto nunca pero pacífico siempre. Ahí, donde hasta el más desconocido es como un hermano y en un día se siente que pasó un mes. La comprensión, la vividez, la energía la emoción... ¿Quién quiere renunciar a esa paz interminable? ¿Quién se quería volver?