sábado, 27 de noviembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Por
ÁrbolHoja
Salto
Mueble
Lana
Gusto
Pie
Té
Mar
Gas
Mirada
Nube
Loba
Dedo
Cal
Gesticulador
Hijo
Cama
Menta
Sien
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Fin
Sol
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Alga
Dado
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Riel
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Mirador
Corazon
Hombre
Rayo
Felpa
Sed
Extremidad
Insolacion
Parecer
Clavo
Coito
Dios
Temor
Mujer
Por
jueves, 11 de noviembre de 2010
The long and winding road

And if I say I really knew you well,What would your answer be?
If you were here today.
Uh, uh, uh, here today.
Well, knowing you,
You'd probably laugh and say
That we were worlds apart.
If you were here today.
Uh, uh, uh, here today.
But as for me,
I still remember how it was before
And I am holding back the tears no more.
Uh, uh, uh,
I love you, uh.
What about the time we met? (what about the time?)
Well, I suppose that you could say
That we were playing hard to get.
Didn't understand a thing,
But we could always sing.
What about the night we cried? (what about the night)
Because there wasn't any reason
Left to keep it all inside.
Never understood a word,
But you were always there with a smile.
And if I say I really loved you
And was glad you came along.
Then you were here today,
Uh, uh, uh, for you were in my song.
Uh, uh, uh, here today.
jueves, 28 de octubre de 2010
Algo como la esperanza de una diferencia en la similitud
“Me pregunto si las cosas que quisiera cambiar en mí no las estoy queriendo cambiar sin que en el fondo nada cambie gran cosa, si cuando creo elegir algo nuevo mi elección no está regida secretamente por todo lo que quisiera dejar atrás”.lunes, 25 de octubre de 2010
Sin que haga nada
Sin que haga nada, la puerta se abrió, y como impulsada salí a un espacio que se extendía hasta perderse. Caminé sobre una superficie blanda y húmeda, pero nada asquerosa. Aparentemente, estaba descalza. Ellos ahí, ya estaban y no los había visto, pero no estaban y yo sí los veía. Una fila de personas infinita, todas de perfil a mí. Se sentaban y se paraban sin esfuerzo, qué cosa. Todos eran jóvenes, de entre 20 y 30 años, vestían informalmente y sus cuerpos (a pesar de la agilidad) estaban gastados. En determinados lugares, todos tenían manchas, ¿manchas? Vacíos, transparencias perfectas, lugares sin flesh. Los veo mejor, están cansados, gritan, lloran, suplican, que dejen de agujerearlos, digo por favor. Sentí un ardor en los tobillos, no quise mirar, y tampoco me uní a la fila de torturados.
Estaba ahí flotando, vi cómo las personas se abalanzaban sobre eso. Eso que parecía espuma de afeitar pero era seco, esa espuma de baño suave, nube, algodón de azúcar, burbujas, quién sabe. Vi eso que volaba hacia ellos, y se escapaba hacia arriba. Y ellos, haciendo un esfuerzo terrible, estirándose de una forma que nunca había visto en personas, tratando de atrapar esa cosa, aunque sea una porción mínima, esa cosa que se les escapaba de las manos. Y cuando alguno lograba agarrar un poco, presuroso lo llevaba hasta los lugares agujereados, lo esparcía, e impulsivamente se dejaba caer hacia atrás, rebotando numerosas veces en ese suelo que nos contenía. Yo traté de alcanzar también una porción. Fue inútil, no podía acercarme: el ardor de mis pies no me dejaba separarlos del suelo. Entonces imité a los otros humanos, y me tiré para atrás.
sábado, 23 de octubre de 2010
Sinónimos, vos decís?
Incongruente
martes, 28 de septiembre de 2010
La habitación de la cortina hindú
En el preciso momento en que entré en la habitación de la cortina hindú, me di cuenta que estaba atrapada. Sólo eso era; cuatro paredes (una a mi espalda, tres enmarcada por aquella inmensa cortina color natural, tejida a mano), el techo, de vidrio, rajado como si algo (¿qué?) estuviera presionando lentamente, y sobre la pared del fondo, una creciente enredadera. en el piso, junto a la enredadera, hojas secas. Y pequeñas ramitas. Me aproximé lentamente, resignada. Eso, entre las plantas, lo que parecía una estufa en piloto llameó de pronto, sobresaltándome, por supuesto, y chamuscando algunas hojas.
Di un paso atrás. Por un momento pensé en rendirme, ¿qué más daba? Miré hacia atrás. La puerta seguía ahí... ¿por qué tenía la impresión de que podría desaparecer en cualquier momento? Me decidí y volví a avanzar. Miraba sin ver y de pronto me encontré del otro lado de la cortina. Lo noté por la luz: era diferente; estaba atenuada, como un campo de madrugada. Y de pronto el aire se condensó y el calor y humedad invadieron el ambiente. Volví a voltearme, la cortina ya no estaba. Sólo la pared del fondo, la pared y la puerta.
Cuando volví a posicionarme hacia delante, la enredadera se había vuelto mucho más espesa y por lo menos doblegado sus dimensiones. Retomé, lentamente, la marcha. Caminaba pesadamente y mi cabeza funcionaba a velocidades astronómicas. Sentí una piedra en el zapato. No, no era una piedra. Bajé la vista y noté que estaba descalza, y que me había tropezado con un lápiz muy pequeño. Me incliné para levantarlo y poder observarlo mejor. Era de una madera clara, sin pintar, con excepción de una pequeña inscripción dorada. 1964 decía, nada más. Entonces a mi alrededor comencé a ver lo que tiempo (¿años?) atrás había vislumbrado de lejos como ramitas: miles de lápices, pequeños bastones de madera con deslumbrantes inscripciones de cuatro cifras. 1966 decía uno, 1954, 19a5, 1944 y 1943; 1982, 1879, 1983 y 1916; 1989, 1970, 1776, 1993; 1997, 2001, 1983, 1976, 1923. Y la lista seguía indefinidamente, con algunos números repetidos, y entre ellos, llenando el espacio con un marrón resquebrajado, pequeñas hojas caídas. Pero curiosamente, las hojas no pertenecían a la enredadera (de finas hojas puntiagudas), sino que tenían una forma romboide y amplia.
Me mantuve inmóvil, en un silencio que hasta entonces no había percibido, durante alrededor de tres minutos. Después seguí mi caminata, lenta e insegura, con un leve malestar al contacto de mis pies descalzos sobre los pequeños lápices de madera. Caminé sin detenerme sosteniendo con firmeza el lápiz de 1964 entre mis manos, hasta llegar a la enredadera. Resultaba curioso que no la veía mejor por estar más cerca. Por el contrario, parecía que no contenía detalle alguno.
Intuitivamente, llevé el lápiz hasta las hojas, y lo introduje entre las finas ramitas. Mi mano se metió unos centímetros también, sufriendo pequeños rasguños a causa de las hojas. Poco a poco, en el intento de llegar más allá de la planta, me encontré medio sumergido en ella. El constante arañazo de las hojas era casi insoportable, y de hecho, ya había considerado hacer marcha atrás, pero, ¿para qué? Atrás no ocurría nada. Además, una vez más, un mal presentimiento me atacaba: esa enredadera me tenía atrapada.
Tomé una decisión impulsiva. Miré por última vez hacia atrás, y con mi mano libre, empecé a trepar la enredadera. Me ayudaba con la otra mano, con la cual no soltaba el lápiz, no sé por qué. Comencé a sentir cómo las hojas se adherían a mi cuerpo y las ramas se enroscaban en mis tobillos, a pesar de ello, seguí subiendo, como podía, durante unos cuatro metros hacia arriba.
Entonces no pude más. Mi cuerpo se encontraba completamente anudado, y sólo mi cabeza y un brazo estaban libres. Pasé el lápiz inscripto a mi mano libre, y comencé a dibujar en el aire, como si ello llevara a algo. Escribí mi nombre repetidas veces. Dibujé una hoja, y el contorno de un auto. Dibujé una puerta, una soga, una espada. Finalmente, escribí 1964. ¿Por qué finalmente? Porque entonces el lápiz resbaló de mis manos, y cuando volví a intentar agarrarlo, se disolvió en aserrín y polvo. Levanté la vista y vi un delgado hilo dorado flotando y retorciéndose en el aire. Se estiró y contorsionó durante unos segundos. Luego, con la caligrafía de la inscripción, trazó el familiar número de cuatro cifras: 1964. De pronto, la planta se comenzó a agitar. Vi el número alejarse hacia arriba, y la habitación iluminarse hasta encandilarme. Se agitaba cada vez más la planta, y yo sentía cómo me envolvía, hasta que quedé completamente dentro de ella. Entonces escuché el ruido de una puerta que se cerró de golpe. ¿La puerta...?
lunes, 27 de septiembre de 2010
Una sonrisa y el Sol
martes, 24 de agosto de 2010
I have the plot
viernes, 6 de agosto de 2010
Filosofía barata
Curiosa la forma de caminar de... Pedro, sí. Muy llamativa. El primer paso es pesado, arrastrado, eterno. El segundo, rápido, casi instantáneo. Luego una pausa, y de nuevo otro paso. El cuerpo encorvado y agarrotado. Y con el peso de cada pisada, un chirriar estruendoso. No son sus huesos, no. Son sus zapatos. Zapatos de goma y lona. La lona: despegada en un setenta por ciento; la goma: muy berreta, pegajosa, ruidosa. Y ocurre de la siguiente forma: como cuando alguien mastica chicle, muy, muy fuerte, que a uno le da ganas de decirle “ché, dale”, así. Ese sonido se oye al pisar Pedro, siendo acompañado inmediatamente con el sonido de una puerta vieja que se va cerrando sola, muy despacio, al levantar el pie, y así sigue. Interesante la forma de caminar de Pedro, por supuesto.
jueves, 17 de junio de 2010
viernes, 28 de mayo de 2010
Tortícolis
sábado, 24 de abril de 2010
A Pillow of Winds
martes, 13 de abril de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
miércoles, 17 de marzo de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
Jabberwocky
- 'Twas brillig, and the slithy toves
- Did gyre and gimble in the wabe;
- All mimsy were the borogoves,
- And the mome raths outgrabe.
- 'Beware the Jabberwock, my son!
- The jaws that bite, the claws that catch!
- Beware the Jubjub bird, and shun
- The frumious Bandersnatch!'
- He took his vorpal sword in hand:
- Long time the manxome foe he sought--
- So rested he by the Tumtum tree,
- And stood awhile in thought.
- And as in uffish thought he stood,
- The Jabberwock, with eyes of flame,
- Came whiffling through the tulgey wood,
- And burbled as it came!
- One, two! One, two! And through and through
- The vorpal blade went snicker-snack!
- He left it dead, and with its head
- He went galumphing back.
- 'And hast thou slain the Jabberwock?
- Come to my arms, my beamish boy!
- O frabjous day! Callooh! Callay!'
- He chortled in his joy.
- 'Twas brillig, and the slithy toves
- Did gyre and gimble in the wabe;
- All mimsy were the borogoves,
- And the mome raths outgrabe.
- Lewis Carroll, Through the Looking-Glass
sábado, 27 de febrero de 2010
Café con M&Ms
Son las dos de la mañana, y la chica cuyo nombre es tan llamativo permanece refugiada en un rincón de su habitación. Un sillón mullido y bajito y una luz cálida pero potente configuran el entorno del rincón-refugio. Se escucha la música de alguna fiesta en una casa vecina, y cada tanto el discontinuo pasar de autos y colectivos. Ella, con un libro sobre sus piernas y un plato con galletitas a un costado, sostiene una taza de café muy caliente. Hace frío y ella se incorpora para buscar una frazada. En el placard encuentra un paquete de confites M&Ms, y entonces, la brillante idea; regresa al refugio y deja caer una decena de confites en el café caliente. Se acomoda en el sillón, tapándose hasta el cuello con la frazada, y mientras retoma la lectura, se deleita con el sabor del café mezclado con los simpáticos confites que ahora se derriten y son más ricos todavía. Pasa media hora, una hora, casi dos. Pasan el café, los M&Ms y las galletitas. Se queda dormida.
viernes, 19 de febrero de 2010
Are you agree? Fuck you MTV



