De pronto, un impulso; la furia se hace incontenible. La imagen de la sonriente muchacha que, radiante, se sostiene de una inclinada ladera montañosa es desgarrada. La ladera se convierte en un bollo y es arrojada hacia atrás. La muchacha sonriente cae al agua y se comienza a hundir. El joven se levanta y camina en dirección opuesta al atardecer, internándose en la intransigencia de la ciudad.
La foto sigue hundiéndose, y en algún lugar, lejos, muy lejos del mar, hay una joven que un momento atrás se reía ruidosamente en una parada de colectivo, mientras hablaba con un amigo. Pero ahora la joven siente un desgarro en el alma. Sin causa aparente, cae, como siendo empujada, hacia atrás. Y mientras cae, siente cómo su cuerpo y su alma se impregnan de tristeza, de soledad. Una lágrima golpea pesadamente el asfalto, mientras el cuerpo abatido de la chica golpea torpemente la acera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario