Así empezaba. Era el título que le pondría a mi día. A esa necesidad de salir a contemplar el cielo de día, a descubrir las infinitas y cambiantes formas de las nubes . Yo, en mi primera persona. Yo, que no traslado mis temores afuera. Yo como personaje, yo como persona. El Sol, que dice que sí, que se puede. Las nubes, dinámicas, que lo acompañan y me abren la puerta a su infinita biblioteca de sensaciones, que salen disparadas sin que un posible orden o criterio las vuelva a clasificar, nunca más.
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