sábado, 24 de abril de 2010

A Pillow of Winds

Se suceden acordes atroces. Una voz suave y a la vez potente penetra por cada centímetro de piel, embriagando los sentidos, enajenando la realidad. Diez, doce, quince segundos, un grito desgarrador. Unas campanas y el estallido: comenzó una implosión. Una bandada de pájaros se avista a la distancia y el lápiz, fino y ajustado, fluye placenteramente. Los nudillos se amoldan a la tan añorada postura de inspiración. ¿Dónde está el absurdo? ¿Dónde el estilo definido? La bandada ahora grita, aturde, quema, ¿por qué interrumpen la quietud? Saltan, gritan, se golpean. Son una jauría de chimpancés. Son inútiles monos perturbadores. Un coro insistente, pica y replica. Tiran del pelo, nublan la vista, abstraen, distraen. La intensidad se pierde entre nubes densas. Luego, la paz. Una paz somnífera, indiferente. Una vez más, la tan conocida sensación de hastío, dentro de cierta melancolía ahora indescriptible. Una vez más, ese final vacío, aburrido y redundante.

2 comentarios:

asi que esto es el sexo dijo...

Esa canción trae en mi recuerdos muy agradables.
Que placer produce.

Daniel dijo...

las flores lo hacen en silencio.