Está sentada prácticamente inmóvil, leyendo concentradamente una revista cultural. Pasa el tiempo, la gente entra y sale, ella sigue ahí leyendo, con su música y su revista, alejada completamente del mundo. Eso en realidad es lo que creen todos, porque en la realidad ella está más cerca del mundo que muchos otros. Miles de ideas flotan en su cabeza. Ya ni sabe qué es lo que lee y qué es lo que el periodista personal que vive en un rincón de su mente va desarrollando a partir de ideas, conocimientos y preocupaciones que mantienen su cabeza en un constante debate.
Le genera impotencia la poca conciencia que tiene la gente acerca de lo que pasa a su alrededor; cómo todos creen que el mundo en el que viven es el todo, y que lo demás está, justamente, “de más”. Cómo ven las cosas del pasado como si fuesen fábulas, o en realidad cuentos de terror, porque de fábulas no tienen nada, pero en fin, las ven tan lejanas que parecerían pertenecer a un pasado ficticio, mítico. Le da muchísima bronca cómo la gente en general, y muchos de sus pares también, viven en una constante burbuja, que parecería impermeable, y sin real conciencia de lo que pasa. No pide que de repente todos empiecen a hacer cosas buenas y a interesarse por lo mismo que ella, pero ¡dale, chabón! Pasan otras cosas a medio metro, más allá del recital de tal o cual artista internacional, del nuevo pantalón de ese súper negocio, o cualquier otra cosa completamente superficial.
En la vida está bueno tener ese tipo de cosas, claramente, es divertido y relajante, y de cualquier modo, uno no puede vivir preocupado y bajoneado por las desgracias del mundo sin nada más. Pero a hacer un equilibrio, a fijarse un toque qué pasa al lado de uno, a hacer algo, aunque sea chiquito, para mejorar. Está segura de que el primer paso es educarse, aprender sobre estos temas que a todos conciernen y que al olvidarlos y dejarlos a un lado sólo se logra que pasen a formar parte de ese pasado mítico. ¿Cuál sería el resultado? Que en algún momento se eliminen, con una hábil maniobra de quien le convenga, los lados oscuros, al menos aparentemente, y pueda ocurrir algo igual o incluso peor. Esto se lo plantea muy seguido, y realmente la horroriza.
Le genera una impotencia y un furor que no puede soportar, y más impotencia todavía le genera no poder compartirlo prácticamente con nadie. Retomando el hilo de su mente, se encuentra elaborando el segundo paso, que más bien sería algo paralelo al primero, y que se trata de llevar a cabo acciones, por un lado proponer ideas y capacitaciones para sus pares, con el fin de motivarlos y ayudarlos a reflexionar, y por otro, accionar a favor de los que lo necesitan, hay muchas formas, es sólo una cuestión de actitud, y de predisposición.
Está segura de que esta cadena de cosas que considera tan necesarias, y de la cual tan sólo mencionó dos pasos básicos, es interminable. Pero ahora está terminando de leer su artículo de la revista y prefiere parar un poco, cerrar la revista, e irse sintiendo el intenso aroma de la lluvia que acaba de caer, de la mano de su música (La marcha de la bronca en este momento, para variar, y no es joda), citando a Pedro y Pablo: “Bronca que también es esperanza, marcha de la bronca y de la fé”. Seguramente en otro momento tenga ganas de agregar un par de pasos a su cadena infinita de ideas, por ahí mañana, la semana que viene o en dos años, ahora se quiere despejar un rato.
1 comentario:
Hola! muy lindo lo que escribiste... Si, la gente no se responsabiliza de sus causas/efectos.
Andan derrochando vida...
Lo bueno es que esto se esta derrumbando, solo que pasara mucho mucho tiempo. Lo que si, las personas con sus acciones (a menos que sean muy diabolicas) ya no me enojan, porque se que andan con los ojos vendados!
Ahora procuro en dar energia para ayudar a que se saquen las vendas y puedan ver!!!
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