lunes, 4 de mayo de 2009

Más que humano II

“… ¿Qué había sido entonces? ¿Qué había dicho Janie?
Idiota. Un idiota.
Un idiota, decía la niña, es un adulto que puede entender el silencioso lenguaje de los bebés. Entonces, ¿Con qué criatura se había unido en aquel día terrible?
-Pregúntale al bebé qué cosa es un adulto capaz de hablar con los bebés.
-Dice que un inocente.
Lone, un idiota, había podido escuchar el silencioso lenguaje de los bebés, y e ella, una inocente, había podido hablar ese lenguaje.
-Pregúntale qué pasa cuando un idiota y una inocente están juntos.
-Dice que basta que se toquen para que el inocente deje de ser inocente y el idiota deje de ser idiota.
Lone pensó: un inocente es el ser más hermoso del mundo. E inmediatamente se preguntó a sí mismo: ¿qué hay de hermoso en un inocente? Y la respuesta fue esta vez tan rápida como si viniera del bebé: esperar es lo hermoso.
Esperar el fin de la inocencia. Y un idiota espera el fin de la idiotez también, aunque la espera del idiota no es hermosa. Y cada uno de ellos muere en el instante del encuentro, transformándose para unirse.
Lone sintió, de pronto, una profunda alegría. Pues era verdad, había creado algo, nada había destruido… y la pena que había sentido al perder a ese ser, se justificaba enteramente. La pena que había sentido al perder a los Prodd no tenía, en cambio, importancia.
¿Qué estoy haciendo? ¿Qué estoy haciendo? Pensó aturdidamente. Sólo trato, una y otra vez, de descubrir lo que soy, y si no estoy solo.
¿Me ocurrirá esto también por ser un paria, un monstruo, un ser diferente?
-Pregúntale quiénes desean saber lo que son y si son parte de alguien.
-Dice que todos.
-¿Quién soy yo entonces? –susurró Lone.
Un minuto después gritaba:
-¿Quién soy?…”

(Más que humano, Thedore Sturgeon)
Idem comentario anterior.

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