Vive en su exquisito desorden. En él, remera, bufanda y sillón se combinan en una armoniosa disonancia de colores y entramados. Miles de hojas desparramadas. Textos escolares, apuntes, bocetos de dibujos y cuentos sin terminar todos mezclados, y cualquiera diría que no se diferencian. Una suerte de objetos que nada tienen que ver entre si ni con el lugar se amontonan sobre el escritorio desvencijado. Fotos por todos lados. Libros también. Paquetes de galletitas Frutigran a medio terminar y cáscaras de mandarina sobre un plato encima de la impresora...
Ah, ¿vos buscabas ese CD que no tenía caja ni nombre? Y... tiene que estar, sino preguntale a ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario